No todos los finales felices son escandalosos.
Algunos llegan en silencio, con calma… y se reconocen enseguida.
Eso es lo que ha pasado con Brandon.
No llegó simplemente a una casa nueva.
Llegó a un lugar donde puede descansar, sentirse seguro y, sobre todo, ser querido.
Y Jacqueline no necesitaba que nada cambiara por completo.
Solo necesitaba compañía. Presencia. Vida.
Hoy Brandon está en casa.
Y a veces, eso es todo lo que hace falta para saber que una historia ha salido bien.