Nuestro trabajo / Rufus
Rufus: su rescate, operación y recuperación
Por Viktor Larkhill · Actualizado el 9 de septiembre de 2026
Cuando fuimos a recoger a Rufus en Sevilla, la persona que lo había ayudado nos contó que llevaba tiempo deambulando por el pueblo. La gente le daba comida cuando podía. Finalmente, alguien lo había llevado a un veterinario.
No podía apoyar la pata delantera izquierda. Tenía heridas por el cuerpo, algunas ya infectadas, y el pelo lleno de nudos. Era evidente que necesitaba atención hospitalaria. Todavía no sabíamos lo que había debajo de su piel.

Las radiografías mostraron lo que no podíamos ver
En el hospital, el equipo lo examinó y le sacó sangre. Tenía anemia. Había que averiguar qué le pasaba en aquella pata que tanto le dolía, así que los veterinarios lo sedaron ligeramente para hacerle radiografías.
Entonces aparecieron las imágenes. Tenía perdigones repartidos por todo el cuerpo. Había uno en la zona del hombro, otros en distintas partes y uno peligrosamente cerca de un ojo. A Rufus le habían disparado. Estábamos viendo las pruebas dentro de su cuerpo.
Parecía muy envejecido, pero los veterinarios calcularon que solo tenía unos cinco años. Las radiografías también mostraron una fractura antigua que ya había consolidado. El codo era otro problema: la articulación estaba dañada, no podía usar bien la pata y necesitaba una valoración quirúrgica.
Empezamos a tratar sus heridas mientras el equipo estudiaba qué se podía hacer por su pata. Sacarlo de la calle nos había permitido llevarlo a un lugar donde podíamos ayudarlo. Ahora teníamos que entender el daño y encontrar la manera de que caminara sin aquel dolor.
Así fue como lo recogimos y lo llevamos al hospital.
Ver el rescate y las primeras pruebas en YouTube
Mientras esperaba, Carolina notó los perdigones bajo su piel
Las pruebas nos habían permitido comprender mejor lo que Rufus llevaba dentro. Mientras seguíamos preparando la operación, podíamos empezar a hacer que se sintiera más cómodo.
Carolina ayudó a bañarlo. Estaba cansado, tenía el pelo enredado y todavía le dolía el codo cuando le tocaban esa zona. Ella lo lavaba con suavidad, procurando no hacerle daño.
Entonces notó los perdigones. Lo que habíamos visto en las radiografías también se podía palpar bajo su piel. Le enseñé dónde estaban. Su sorpresa fue inmediata. Nunca había cuidado a un perro en esas condiciones y no dejaba de preguntarse por qué alguien le haría algo así.
Hay un momento durante ese baño en el que su reacción muestra lo difícil que resulta asimilarlo. Rufus está delante de ella, dejándose cuidar, con los perdigones todavía dentro de su cuerpo.
Cuando terminó, Rufus estaba limpio y su pelo había recibido los cuidados que necesitaba. Le estábamos dando antibióticos y comida, y tenía personas pendientes de él. Pero la pata seguía siendo el problema que debíamos resolver. El siguiente paso era la operación.
Ver los cuidados de Rufus antes de la operación en YouTube
Una operación para que pudiera volver a usar la pata
A medida que el cirujano valoraba el codo, la naturaleza de la lesión se iba aclarando. Describió un problema crónico, con una luxación probablemente traumática. La lesión llevaba tanto tiempo ahí que se había formado una fibrosis considerable, es decir, tejido cicatricial. Eso iba a dificultar la operación.
El plan era realizar una artrodesis de codo. El cirujano volvería a alinear la extremidad y fijaría la articulación con una placa metálica y tornillos. El codo quedaría inmovilizado en una posición fija, con el objetivo de aliviar el dolor de la articulación dañada y permitir que Rufus utilizara la pata.
Durante la intervención, el equipo tuvo que trabajar entre aquel tejido cicatricial y recuperar la alineación. Después, el cirujano explicó que habían conservado los ángulos que Rufus necesitaría para usar la extremidad. Las radiografías posteriores a la operación mostraron la fijación en la posición prevista.
Todavía le esperaban meses de recuperación. Pero la operación había terminado y podíamos llevarlo de vuelta a Casa Grande para comenzar la siguiente etapa de sus cuidados.
En este tercer vídeo, el cirujano explica la intervención y podéis ver cómo Rufus vuelve después con nosotros.
Ver la operación y el regreso de Rufus en YouTube
Su primera mañana de vuelta
Cuando Rufus llegó a Casa Grande, todavía estaba aturdido. Su cama estaba preparada, llevaba la pata vendada y necesitaba tranquilidad y descanso.
A la mañana siguiente, el equipo nos contó que había dormido bien y estaba comiendo. Al salir, ya tenía más ganas de caminar que el día anterior. Mantuvimos las salidas muy cortas. Que tuviera un poco más de energía no significaba que la pata estuviera preparada para más actividad.
Había que darle la medicación, preparar su comida y seguir un plan de recuperación. Esas son las rutinas que marcan ahora sus días. Busca cariño y tiene cerca a personas que pueden dárselo.
Así encontramos a Rufus en la última actualización publicada: de nuevo bajo nuestros cuidados después de la operación, con unas primeras señales alentadoras y una larga recuperación por delante. Seguiremos añadiendo sus avances aquí para que podáis acompañarlo en lo que venga después.
A todos los que lo habéis ayudado a llegar hasta aquí, gracias. Vuestro apoyo nos ha permitido llevarlo de la calle al hospital, acompañarlo durante la operación y traerlo de vuelta a un lugar donde pueda recuperarse.
Para periodistas
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