Miki llegó al hospital en un estado terrible.
Estaba con oxígeno, conectado a un monitor, agotado e inestable. Su cuerpo ya estaba luchando demasiadas batallas a la vez: anemia, hipovolemia, hipoglucemia, sepsis y enfermedad cardíaca.
La masa de su cuerpo no solo estaba ulcerada y era agresiva. Ya se había extendido a los ganglios linfáticos axilares. Ni siquiera era posible sedarlo con seguridad para realizar un estudio completo.
Los doctores consideraron todos los caminos posibles: transfusión, plasma, TAC, cirugía. Pero la realidad era devastadora. La enfermedad había llegado demasiado lejos. La cirugía no le habría dado a Miki un futuro real. Su pequeño cuerpo ya no tenía fuerzas para seguir luchando.
A veces luchamos con todo lo que tenemos.
Y a veces, a pesar de todo, llegamos demasiado tarde.
Miki nos ha dejado.
Pero no se fue de este mundo sin ser visto. Fue cuidado, monitorizado, tratado con ternura y rodeado de personas que deseaban desesperadamente que existiera un camino posible.
Su rescate no terminó con el milagro que queríamos.
Pero aun así importó.
Porque ningún animal debería dejar este mundo abandonado, asustado y olvidado.
Miki no fue olvidado.
Por favor, ayúdanos a seguir estando ahí para los animales que aún tienen una oportunidad, y para aquellos que simplemente necesitan que alguien esté a su lado cuando más lo necesitan.