Copito no se rinde. Nosotros tampoco.

Copito debería haber muerto.

Eso fue lo que muchos dijeron cuando lo rescatamos.
Su cuerpo estaba destrozado. Su vida, colgando de un hilo.

Pero no murió.

Lo tratamos. Esperamos. Acompañamos.
Y Copito hizo lo que hacen los que todavía quieren vivir: siguió.

Hace unas semanas, durante Navidad, apareció un nuevo golpe.
Su único ojo —el que le quedaba— desarrolló una perforación grave en la córnea.

Entramos en quirófano.
Implantamos una córnea artificial.
La cirugía fue un éxito.

Por un momento, respiramos.

Pero a veces el cuerpo no acepta lo que intenta salvarlo.
Y eso es lo que ha ocurrido ahora.

El implante ha sido rechazado.
La córnea vuelve a estar perforada.
Y si no intervenimos de nuevo, Copito perderá la vista por completo.

Este es el punto en el que estamos.

No hay promesas grandilocuentes.
No hay garantías absolutas.
Solo hay una decisión clara: volver a intentarlo.

Copito ya ha luchado demasiado como para rendirse ahora.
Y nosotros no lo vamos a dejar solo en este tramo.

Necesitamos entrar de nuevo en cirugía.
Y para hacerlo, necesitamos ayuda.

Si puedes acompañarnos, aquí estamos.
Si puedes sostener una parte de esta historia, significa todo.

Gracias por estar.
Gracias por no mirar hacia otro lado.