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    Hemos perdido a Aida

    Esta mañana temprano recibí los mensajes de Gaby con la noticia que tanto temía. Aida había fallecido durante la noche.

    Cuando hablé con el hospital, Andrea me explicó que había ido empeorando a medida que avanzaba la noche. La rigidez muscular aumentaba y los espasmos eran cada vez más intensos, a pesar del tratamiento. El equipo que la atendía no pudo salvarla.

    La cirugía había ido bien. Pero amputar aquella pata destrozada no podía deshacer lo que el tétanos ya estaba provocando en su cuerpo.

    Gaby me lo explicó cuando hablamos: los antibióticos combatían las bacterias, pero no podían eliminar la toxina que estas ya habían liberado. Retirar el tejido infectado era imprescindible. Además, Aida recibía medicación continua para controlar los espasmos, analgesia y vigilancia. Aun con todo ese tratamiento, podíamos perderla.

    Le pregunté si algo más podría haber cambiado el desenlace. Me contó que había consultado con especialistas en neurología y medicina interna de Valencia Sur. Habían revisado el tratamiento y respaldaban lo que se estaba haciendo. Todos habíamos buscado otras opciones porque queríamos darle una oportunidad.

    Saberlo no hace que esta mañana duela menos.

    Aida había sobrevivido a tanto antes de llegar hasta nosotros. Queríamos que superara esto, llevarla a casa y verla aprender a caminar con tres patas. Queríamos encontrarle una familia. Perderla ahora, cuando por fin había recibido ayuda, es muy difícil de aceptar.

    A todos los que habéis donado y seguido su historia: gracias. Habéis hecho posible que recibiera tratamiento y cuidados cuando tanto los necesitaba. Ojalá pudiera contaros otro final.

    Lo siento muchísimo, Aida. Queríamos mucho más para ti.

    Viktor

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