He leído comentarios diciendo que quizá no deberíamos seguir luchando por Copito.
Nosotros no trabajamos así.
Cuando asumimos la responsabilidad de un animal, nuestro trabajo no es rendirnos. Es encontrar la manera de tratarle.
Copito no es una idea. Es un gato real, con un sufrimiento real, que ahora mismo lucha por conservar el único ojo que le queda.
Claro que un gato ciego puede vivir bien. Pero mientras exista una posibilidad real de salvarle ese ojo, nuestra obligación moral y veterinaria es intentarlo.
Si al final fracasa, fracasará.
Pero Copito no se va a quedar ciego porque nosotros nos hayamos rendido antes de tiempo.
Se quedará ciego, quizá, si todo falla. Pero no por falta de pelea. No por falta de amor. No por falta de responsabilidad.
Eso somos nosotros.
Y hoy Copito nos necesita otra vez.